Las hice para mis talleres de escritura en la Ciudad de México y acabé dejándolas abiertas para quien quiera. No se descargan, no piden correo, no tienen anuncios: se usan directo en el navegador, en la compu o en el celular.
Son dos porque el trabajo es dos: primero sacar el borrador sin pensarle, después limpiarlo ya en frío. Hacer las dos cosas al mismo tiempo es lo que traba a casi todo el mundo.
Escoges cuánto vas a aguantar —de 5 a 60 minutos— y empiezas. Si te detienes más de tres segundos, el texto se borra. Todo se ve borroso menos tu última letra, para que no puedas releer ni corregir mientras escribes. Es escritura libre a fuerzas: el ejercicio de freewriting de toda la vida, pero con alguien detrás empujándote. Está inspirada en The Most Dangerous Writing App, con sazón chilanga y modo fresa, por si de plano no te aguantas la idea de perderlo todo.
Pegas tu texto y te marca, con colores, los vicios que uno no ve solo: adjetivos de relleno, adverbios terminados en -mente, palabras repetidas, rimas accidentales, perífrasis con gerundio, pretérito compuesto, frases hechas y clichés, diminutivos y superlativos. Además puedes apuntar tus propias mañas —esas muletillas a las que le pegas sin darte cuenta— y también te las marca.
No es un corrector de ortografía ni de gramática: eso ya lo hace cualquier aplicación. Esto es un analizador de estilo, y la decisión de qué quitar siempre es tuya.
Sí, las dos, completas. Sin cuenta, sin registro, sin anuncios y sin versión de paga escondida.
No. Se abren en el navegador, igual que cualquier página. Funcionan en celular.
Escribe Borracho no manda tu texto a ningún lado: todo pasa en tu navegador. Edita Sobrio sí manda el texto al servidor, porque ahí vive el analizador de español, pero no lo guarda ni lo escribe en disco: lo revisa, te devuelve dónde están las marcas y lo suelta.
Edita Sobrio está hecho para español y sólo entiende español. Escribe Borracho te deja escribir en lo que quieras: a esa no le importa el idioma, le importa que no te detengas.
El Aletz, escritor de la Ciudad de México, para los talleres de Tinta Chida. Si te sirven, ruédalas.